¿Por qué Dios me deja fracasar?

¿Alguna vez se ha sentido desanimado después de experimentar un fracaso en su vida cristiana? Quizás se preguntó por qué Dios le permitió fracasar, especialmente ya que Él podría haberle impedido cometer ese error. Después de todo, ¿no quiere Dios que tengamos un buen testimonio como cristianos?

En esta entrada exploraremos por qué Dios a veces nos deja fracasar, y cómo nuestros fracasos en realidad pueden ayudarnos a crecer en nuestra vida cristiana.

La vida cristiana es un asunto de vivir a Cristo

Primero, es útil comprender lo que sucedió cuando fuimos salvos y cómo eso afecta el resto de nuestra vida cristiana. Sabemos que fuimos perdonados de nuestros pecados y salvos del juicio eterno; la salvación maravillosa que el Señor efectuó resolvió nuestro pasado y aseguró nuestro futuro.

Y más que nada, nacimos de nuevo, y Cristo vino a vivir en nosotros. Este Cristo que vive en nosotros es ahora nuestra vida. Colosenses 3:4 dice:

“Cuando Cristo, nuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con Él en gloria”. 

En el Nuevo Testamento Versión Recobro la nota 1 sobre Cristo en este versículo explica:

“El hecho de que Cristo sea nuestra vida indica claramente que debemos tomarlo como vida y vivir por Él, que debemos vivirle en nuestra vida diaria a fin de experimentar al Cristo universalmente extenso que se revela en este libro [Colosenses], de manera que todo lo que Él es así como todo cuanto Él ha logrado y obtenido no permanezca como algo objetivo para nosotros, sino que llegue a ser nuestra experiencia subjetiva”.

Esta nota nos ayuda a darnos cuenta de que el Señor no está centrado en si somos perfectos y no cometemos errores. Él está centrado en si lo tomamos como nuestra vida y vivimos por Él. Él quiere que no sólo sepamos que Él vive en nosotros, sino que lo experimentemos subjetivamente como nuestra vida.

Ahora que Cristo es nuestra vida, Él quiere que lo tomemos como nuestra vida y vivamos por Él en todas las circunstancias de nuestra vida diaria. Cuando vivimos de esta manera, lo experimentamos y lo disfrutamos. Entonces, espontáneamente lo expresamos a todos los que nos rodean. Ésta es la vida cristiana.

Si no nos damos cuenta de esto, pasaremos nuestro tiempo tratando de vivir lo que creemos que es una vida agradable a Dios por nuestro propio esfuerzo y fracasando. Incluso si de alguna manera tuviéramos éxito, esto no es lo que el Señor quiere. Él es nuestra vida, así que Él quiere que vivamos por Él.

Los fracasos en realidad nos ayudan

Aquí es donde entran los fracasos. No es que el Señor quiera que fracasemos. Pero Él sabe que nuestros fracasos pueden ayudarnos a darnos cuenta de cuál es nuestra verdadera necesidad.

Por esta razón, el Señor provee fielmente el ambiente perfecto para descubrir nuestras deficiencias. Podemos pensar que somos fuertes espiritualmente, pero Él organiza las circunstancias necesarias para mostrarnos cuán débiles somos realmente y cuánto lo necesitamos.

Por ejemplo, podríamos pensar que somos amorosos, amables y pacientes. Pero entonces el Señor trae a alguien a nuestra vida que pone a prueba nuestro amor, haciendo evidente que no es tan profundo ni duradero. Dadas las circunstancias adecuadas, ni siquiera somos tan amables. Y además, esta persona colma nuestra paciencia. Antes de que nos demos cuenta, explotamos de ira.

Este fracaso nos muestra que no somos el “buen cristiano” que pensábamos que éramos. ¡Pero esto no es algo negativo! Nos ayuda a darnos cuenta de nuevo de que Jesucristo es el Único que puede vivir una vida cristiana adecuada. Nos recuerda que Él entró en nosotros para ser nuestra vida, y que necesitamos vivir por Él.

Nuestros fracasos traen luz

A través de nuestros fracasos, el Señor puede alumbrarnos para poner al descubierto nuestra verdadera situación interior ante Él. Su luz reduce la alta estima que tenemos de nosotros mismos. Él brilla para que podamos reconocer cuán cortos estamos de vivir por Cristo en nuestra experiencia. Esto hace que nos volvamos a Él, que lo invoquemos e incluso que clamemos a Él en oración. Es cuando caemos que comenzamos a comprender nuestra necesidad de tomar a Cristo como nuestra vida y experimentarlo verdaderamente con cada persona y asunto en nuestras vidas.

Bajo la luz del Señor somos humillados, nuestra confianza en nosotros mismos es quebrantada y tememos confiar en nosotros mismos. Por consiguiente, estamos mucho más abiertos a Él que cuando pensábamos que íbamos bien. Y cuando pasamos tiempo con Él de una manera regular, Cristo puede llenarnos. El Señor necesita este tipo de apertura para crecer en nosotros.

Además, cuando nuestros defectos quedan al descubierto por la luz del Señor, no confiamos tanto en nuestra propia capacidad o bondad. Vemos que nuestra bondad no significa nada, y estamos más dispuestos a dejar que Cristo viva en nosotros y a través de nosotros.

Todo el resplandor del Señor sobre nosotros cuando fracasamos nos hace estar más dispuestos a volvernos a Él y contemplarlo, y a ser refrescados en nuestro amor por Él.

No desanimarse

Nada de esto significa que debamos fracasar deliberadamente o pensar que está bien ser descuidado con el pecado. Para mantener nuestra relación con el Señor, necesitamos cuidar de la condición de nuestro corazón y prestar atención a la voz de nuestra conciencia. Y cuando el Señor nos hace conscientes de los pecados que hemos cometido, necesitamos confesar esos pecados a Él para recibir Su perdón y limpieza. Todas éstas son prácticas espirituales saludables y necesarias que debemos mantener para tener una vida cristiana normal.

Pero fracasaremos, y cuando esto suceda, podemos ver estos fracasos como útiles y necesarios en lugar de desanimarnos. A través de nuestros fracasos, Cristo tiene la oportunidad de alumbrarnos y hacer que nos volvamos y nos abramos a Él. Recordamos que Cristo es nuestra vida, y que debemos vivir por Él.

Si tenemos este entendimiento, no seremos vencidos por el desaliento y la desilusión cuando fracasemos. En cambio, nos volveremos más rápidamente a Cristo e incluso le agradeceremos por Su sabiduría al tratar con nosotros. Nos abriremos a Él de una manera más profunda para que podamos aprender a tomarlo verdaderamente como nuestra vida.

En esta entrada sólo citamos la nota 1 de Colosenses 3:4; la nota 2 arroja más luz sobre Cristo como nuestra vida y señala cómo Colosenses revela las riquezas de Cristo para nuestra experiencia y disfrute. Si vive en los Estados Unidos, le animamos a que pida una copia gratis del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí para leer estas y otras notas que le ayudarán a entrar en una experiencia más profunda de Cristo.


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