¿De qué manera crecemos como cristianos? ¿acaso es por acumular más conocimiento bíblico o llevar a cabo más obras cristianas? o quizás se deba al desarrollo de nuestras virtudes semejantes a las de Cristo. Todos estos representan nuestros conceptos acerca de qué significa crecer como cristiano, sin embargo, el crecimiento cristiano según la Biblia no es un asunto de conocimiento o esfuerzo propio, sino un asunto totalmente del crecimiento en vida.
En específico, esta vida que debe de crecer es la vida divina, la vida de Dios. Cuando nos volvimos a Dios por primera vez y creímos en Jesucristo, no solamente fuimos salvos del juicio de Dios, incluso más, nacimos de nuevo en nuestro espíritu con la vida de Dios. Ahora, aparte de nuestra vida humana, tenemos la misma vida de Dios en nosotros.
Al nacer de Dios, llegamos a ser hijos de Dios, tal y como Juan 1:12-13 nos dice:
“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en Su nombre, les dio autoridad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.
Así como el nacimiento de un niño es solamente el comienzo de una vida y sigue creciendo en esta vida hasta llegar a la madurez, de la misma manera, ser engendrados con la vida de Dios es solamente el comienzo. Dios desea ver a Sus hijos crecer en Su vida.
Crecer como cristiano no es el desarrollo de nuestra vida natural o humana; es el crecimiento de la vida de Dios en nosotros.
La manera en que la Biblia describe el crecimiento de un cristiano
¿Qué dice la Biblia respecto el crecimiento de la vida de Dios en nosotros? Observemos dos versículos:
- El apóstol pablo dice esto en 1 Corintios 3:6-7:
“Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento”.
Luego, en el versículo 9 Pablo dice:
“Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios”.
Las palabras plantó, regó y labranza todas se refieren a las cosas de la vida. La vida de Dios que es una semilla ha sido plantada en nuestro espíritu. Esta semilla necesita ser regada para que pueda crecer, y a medida que la semilla de la vida de Dios crece en nosotros, llegamos a ser la labranza de Dios. Es decir, Su tierra cultivada. Aquí, Pablo no usa el cuadro de una escuela con sus clases y estudio, para describir el crecimiento de la vida divina en nosotros, sino el cuadro de una tierra cultivada donde se planta y riega.
- Colosenses 2:19 dice lo siguiente:
“Y no asiéndose de la Cabeza, en virtud de quien todo el Cuerpo, recibiendo el rico suministro y siendo entrelazado por medio de las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento de Dios”.
La nota 6 del Nuevo Testamento Versión Recobro nos ayuda a entender lo que significa la palabra “crece”:
“El crecimiento es algo de vida, la cual es Dios mismo. Por ser el Cuerpo de Cristo, la iglesia no debe ser privada de Cristo, quien es la corporificación de Dios como fuente de vida. Al asirse de Cristo, la iglesia crece con el crecimiento de Dios, con el aumento de Dios como vida”.
Dios en Sí mismo es perfecto y completo. Por consiguiente, el crecimiento de Dios no significa que Dios crece en Sí mismo, sino que significa que Dios crece, aumenta en nosotros. El crecimiento de un cristiano significa que la vida de Dios crece en nuestro ser.
La necesidad de recibir la nutrición para crecer en la vida cristiana
Cualquier tipo de vida necesita ser nutrida para poder crecer. Los niños crecen no porque sean enseñados sino porque comen. Una madre alimenta a su hijo comida nutritiva, y cuando el niño la come, automáticamente crece. En vez de enseñar a su hijo a crecer, una madre insta a su hijo a comer, y a medida que el niño come, el resultado es un crecimiento normal y paulatino.
Cuando hablamos del crecimiento en vida como creyentes, el apóstol Pedro relaciona juntos la nutrición espiritual y el crecimiento espiritual en 1 Pedro 2:2:
“Desead, como niños recién nacidos, la leche de la palabra dada sin engaño, para que por ella crezcáis para salvación”.
Observe que Pedro no dijo “desead la doctrina de la palabra” o “el conocimiento de la palabra”; por el contrario, él nos exhortó a desear la leche de la palabra, pues la leche nutre. Sin duda, es necesario estudiar la Palabra de Dios, pero nuestra necesidad principal es ingerir la Biblia como si fuera leche a fin de que seamos nutridos. Si deseamos crecer, es necesario que tengamos hambre de la leche de la palabra, de la misma manera que un niño recién nacido desea la leche.
El crecimiento ocurre solamente cuando se añade un elemento de nutrición. Cuando comemos una comida, la comida nos nutre y fortalece nuestro cuerpo. Cuando nos alimentamos de la leche de la Palabra, la vida de Dios crece. Es decir, aumenta en nosotros.
Tomar la Palabra de Dios como nutrición espiritual
Para tomar la Palabra de Dios como nuestra nutrición, podemos leer la Biblia en oración . A medida que abrimos nuestra Biblia, podemos hacer una sencilla oración: “Señor Jesús, vengo a Tu Palabra como mi alimento. Nútreme mientras leo y oro”.
Luego, al leer la Biblia, nos podemos enfocar en alimentarnos de la Palabra por medio de orar. Podemos hacer una pausa para “masticar” las palabras por medio de orar con las mismas. No es necesario que hagamos oraciones largas; mientras leemos, podemos responderle al Señor de una manera sencilla. A medida que nos alimentamos de Su Palabra, seremos nutridos y satisfechos, y el resultado más grande será que creceremos en Cristo.
No debemos permanecer como niños pequeños
Un bebé es algo maravilloso para sus padres, pero si crece de forma anormal, sus padres se preocuparán. Los padres alimentan a sus hijos con la esperanza de que no sólo crezcan sino para que algún día lleguen a la madurez.
Nuestro Padre Dios también se preocupa porque crezcamos normalmente. A Él no le satisface mirar que Sus hijos sigan igual año tras año, sin que Su vida crezca en ellos.
Como cristianos que deseamos crecer en la vida de nuestro Padre, debemos practicar alimentarnos de la leche de Su Palabra todos los días.