Cómo experimentar a Dios todos los días: el secreto del espíritu humano

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mujer sentada afuera leyendo la Biblia

¿Alguna vez ha sentido que Dios parecía estar lejos e inalcanzable, incluso después de haber sido salvo?

A lo largo de nuestra vida cristiana, a veces experimentamos la presencia del Señor con nosotros de manera clara y definida. Quizás nos encontramos en una situación difícil y, al orar al Señor, lo sentimos muy cerca. Pero una vez superada la crisis, la experiencia de Su presencia parece haber sido un suceso misterioso, o incluso fortuito, como si estuviéramos tropezando en una habitación oscura, sin querer golpeamos el interruptor de la luz y se encienden las luces.

Como creyentes en Jesús, anhelamos conocerle y estar cerca de Él. Aquí está la buena noticia: el Señor también quiere eso. Él quiere que lo experimentemos intencionalmente, no accidentalmente. Él quiere que disfrutemos de Su presencia todos los días, no sólo ocasionalmente o cuando tenemos una necesidad apremiante. Pero ¿cómo podemos experimentarlo habitualmente y constantemente si sentimos que está tan lejos?

En esta entrada, nos apoyaremos en algunas porciones del libro La economía de Dios de Witness Lee, el cual puede descargar gratis aquí.

Lo que sucedió cuando fuimos salvos

En realidad, para los creyentes, el Señor Jesús no está lejos en absoluto. Está más cerca de lo cualquier otra persona podría estar.

Cuando creímos en Jesús, sucedieron algunas cosas maravillosas: fuimos redimidos mediante Su muerte en la cruz, nuestros pecados fueron perdonados y fuimos salvos del juicio eterno.

Pero esto no es todo. La redención resolvió el problema de nuestros pecados ante Dios, pero la salvación completa que Dios efectúa incluye más que esto. Según Su propósito eterno, Dios desea vivir en nosotros para que podamos tener Su vida y conocerlo y experimentarlo subjetivamente.

Así que, después de morir por nosotros, 1 Corintios 15:45 nos dice que en resurrección “el postrer Adán [Cristo] llegó a ser el Espíritu vivificante”. Y cuando creímos en Cristo, Él como Espíritu entró en nosotros.

El Espíritu Santo y el espíritu humano

En La economía de Dios, Witness Lee dedica el capítulo 3, titulado “El lugar donde reside el Espíritu divino”, al hecho maravilloso de que el Espíritu ahora vive en nosotros.

Leamos esta porción en la página 27. Aquí, Lee comienza señalando tres versículos de la Biblia que nos muestran al Espíritu Santo y al espíritu humano juntos:

“Leemos en Juan 3:6: ‘Lo que es nacido del Espíritu, espíritu es’. Este versículo habla de dos ‘espíritus’ diferentes: uno está escrito con mayúscula y el otro, no. En la primera mención esta palabra se refiere al Espíritu Santo de Dios y en la segunda se refiere al espíritu del hombre. Lo que es nacido del Espíritu Santo es el espíritu humano. Otro versículo que muestra estos dos ‘espíritus’ es Juan 4:24: ‘Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren’. De nuevo, el primer ‘Espíritu’ está escrito con mayúscula, y el segundo, no. A Dios, quien es Espíritu, lo debemos adorar en nuestro espíritu humano. Romanos 8:16 confirma aún más la existencia de dos espíritus: ‘El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios’. El pronombre ‘nuestro’ designa de manera definitiva al espíritu humano y no deja lugar a dudas en cuanto a la realidad del Espíritu divino y del espíritu humano”. 

Nótese que estos tres versículos mencionan el Espíritu divino y el espíritu humano. Todos necesitamos conocer, comprender y apreciar estos tres versículos cruciales: Juan 3:6, Juan 4:24 y Romanos 8:16. Vale la pena recordarlos e incluso memorizarlos.

En el siguiente párrafo de la página 27, Lee explica por qué debemos conocer el espíritu humano además del Espíritu Santo:

“¿Por qué hacemos ver esto? Porque los cristianos saben muy poco acerca del espíritu del hombre. Se le da mucha atención al Espíritu Santo, pero se descuida casi totalmente al espíritu humano, el lugar donde reside y habita el Espíritu Santo”. 

Quizás sepamos algo acerca del Espíritu divino de Dios, pero puede que no hayamos sabido que tenemos un espíritu humano y que el Espíritu divino reside en nuestro espíritu. Sin saber esto, no podemos experimentar a Cristo intencionalmente, porque no sabríamos dónde localizarlo.

Lee continúa:

“Supongamos que alguien quisiera visitarme. Primero tendría que averiguar dónde vivo. Si no puede encontrar mi hogar, tendría que cancelar su visita”. 

Esta ilustración da en el clavo.

Si no conocemos la “dirección” del Señor más allá de algo ambiguo “Él vive en mí”, por mucho que deseemos estar cerca del Señor Jesús y disfrutar de Su compañía, nos seguirá pareciendo que Él está lejos.

Pero una vez que sabemos que Cristo vive en nuestro espíritu humano, ¡sabemos dónde encontrarlo! Éste es el secreto para experimentarlo todos los días. Podemos volvernos a Él en nuestro espíritu para contactarlo en cualquier momento y disfrutar de la comunión con Él. Podemos experimentarlo constantemente de manera personal y subjetiva. Ya no necesitamos esperar que de alguna manera lo experimentemos; ¡sabemos dónde está y podemos “visitarlo” en cualquier momento!

La dirección exacta del Espíritu

Gracias al Señor porque Su Palabra es específica y clara al respecto. Los tres versículos importantes señalados en la primera porción que leímos muestran la maravillosa relación entre el Espíritu Santo y nuestro espíritu humano.

También tenemos 2 Timoteo 4:22:

“El Señor esté con tu espíritu”. 

Este versículo enfatiza el hecho de que nuestro espíritu es el lugar al que necesitamos ir para encontrarnos con Él y experimentarlo. Por esto es que esforzarnos por pensar más en el Señor o depender de nuestros sentimientos no nos ayuda a experimentarlo. Necesitamos ir a Él en nuestro espíritu.

Al volvernos a nuestro espíritu, a nuestra parte más profunda, podemos contactar al Señor Jesús y disfrutar de Él. Y esto es algo que podemos hacer en cualquier lugar, en cualquier momento y bajo cualquier circunstancia, tanto en los buenos momentos como en los malos. Podemos experimentarlo en todas las situaciones de nuestra vida.

Algunas maneras sencillas de practicar volvernos a nuestro espíritu incluyen invocar el nombre del Señor, orar para tener comunión con Él y orar con la Palabra de Dios. Al volvernos a nuestro espíritu, nos daremos cuenta de que el Señor está muy cerca y disponible para nosotros todo el tiempo.

Ver que el Señor Jesús vive en nuestro espíritu revolucionará nuestra vida cristiana. Sabremos exactamente adónde ir para encontrarlo en cualquier momento. A medida que aprendamos a vivir según nuestro espíritu, contactando al Señor y hablando con Él a lo largo del día, disfrutaremos cada vez más de Su preciosa presencia. Nuestro espíritu humano es verdaderamente el secreto para experimentarlo.

Lo animamos a descargar una copia gratuita de La economía de Dios aquí para leer el capítulo 3 en su totalidad, junto con todas las referencias bíblicas que incluye. Además, si vive en los Estados Unidos, puede pedir una copia gratis del Nuevo Testamento Versión Recobro aquí y leer las notas esclarecedoras que acompañan a los versículos mencionados en esta entrada.