Nueve maneras en las que Jesús es nuestro Pastor

Cuando pensamos en un pastor y sus ovejas, es probable que nos imaginemos una escena pastoral agradable donde vemos a las ovejas alimentarse a salvo en los pastos verdes mientras el pastor las vigila. Incluso nos da envidia que las ovejas permanezcan tranquilamente paciendo sin ninguna preocupación. No obstante, nosotros los creyentes en realidad tenemos el Pastor más admirable: nuestro Señor Jesús.

En esta entrada explicaremos nueve maneras en las que Jesús ha sido y continúa siendo nuestro Pastor.

1. Jesús nuestro Pastor dio Su vida por nosotros

Dios estaba en los cielos, santo e inalcanzable para nosotros los seres humanos caídos y pecaminosos. Sin embargo, hace dos mil años, Dios se hizo un hombre, el hombre Jesús. A diferencia de las demás personas, el Señor Jesús vivió una vida perfecta sin pecado en esta tierra. Él expresó a Dios en Su humanidad en cualquier lugar al que iba, con cada acción que tomaba y con cada palabra que hablaba. Él ministró a las personas, lleno de compasión por las ovejas perdidas de este mundo.

 

En Juan 10:11, antes de morir en la cruz, Jesús le dijo a la gente lo que iba a hacer: “Yo soy el buen Pastor; el buen Pastor pone Su vida por las ovejas”. Jesús el buen Pastor entregó Su vida voluntariamente por las ovejas perdidas de la humanidad. Él llevó a cabo el sacrificio máximo y efectuó la redención por nosotros en la cruz como nuestro sustituto. ¡Ciertamente no existe ningún otro pastor que se compare a nuestro Señor Jesús! Cuán agradecidos estamos que haya dado Su vida por todos nosotros quienes estábamos perdidos.

2. Jesús nos pastoreó incluso antes de ser salvos

Incluso antes de ser salvos, Jesús nos pastoreó. Estábamos perdidos y alejados de Dios. Aunque desconocíamos Su amor, Él nos guió y protegió a través de nuestras vidas a fin de llevarnos a Su salvación.

En 1 Pedro 1:2 dice que fuimos “elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo”. Antes de creer, el Espíritu que nos santifica usó todo tipo de personas, asuntos y cosas para obrar en nosotros, Sus escogidos, a fin de que nos arrepintiéramos y volviéramos a Dios.

Cuando vemos nuestro pasado, nos damos cuenta de todo lo que el Señor Jesús hizo para traernos a Él. Como nuestro buen Pastor, Él nos encontró a nosotros los perdidos, nos llevó en Sus hombros y nos trajo a Su hogar. Cuando creímos en Él, Él nos perdonó, nos lavó y entró en nosotros como el Espíritu vivificante para estar con nosotros para siempre. Ahora Él es el Pastor que mora en nosotros, cuidándonos tanto interna como externamente.

Una estrofa de un himno por E.R. Charles habla del amor que Jesús tuvo hacia nosotros, aún antes de haber aceptado la salvación:

“No conocía Su amor;
Y por mucho tiempo Él me amó,
Con un amor tan fiel y profundo,
Tan tierno y tan fuerte”.

3. Jesús es el Pastor y Guardián de nuestras almas

En 1 Pedro 2:25 dice: “Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Guardián de vuestras almas”. Ahora que nos hemos vuelto a Cristo, Él guarda nuestra vida entera y se preocupa por nosotros de manera profunda.

La nota 2 en 1 Pedro 2:25 en el Nuevo Testamento Versión Recobro explica:

“Nuestra alma es nuestro ser interior, nuestra verdadera persona. Nuestro Señor, como Pastor y Guardián de nuestras almas, nos pastorea al cuidar del bienestar de nuestro ser interior y al velar por la condición de nuestra verdadera persona”.

¡Cuán íntimo y detallado es Su pastoreo para con nosotros! Él no solamente se interesa por los detalles externos de nuestras vidas, sino también por nuestro ser interior, nuestra verdadera persona. Podemos encomendarnos a Su pastoreo y supervisión. Él conoce nuestras necesidades psicológicas y espirituales, incluso más que nosotros mismos. En todas las circunstancias el Pastor de nuestras almas ve lo que necesitamos y se ministra a Sí mismo a nosotros para satisfacer esa necesidad.

Otra de las estrofas en el mismo himno dice:

“¡Ven y regocíjate conmigo!
Yo, que alguna vez estuve enfermo del corazón,
He conocido a Aquel que conoce mi caso,
Y sabe cómo sanar”.

4. Nuestro Pastor nos conoce

Juan 10:14 dice: “Yo soy el buen Pastor; y conozco Mis ovejas, y las Mías me conocen”. Ahora que somos regenerados, somos de Él. Él conoce a cada uno de nosotros personalmente y nosotros le conocemos.

Cuando el Señor Jesús estuvo en la tierra, las multitudes lo vieron, lo escucharon e incluso lo siguieron. Sin embargo, muchos de entre la multitud no lo conocían verdaderamente. Pasaban tiempo cerca de Él y hablaban sobre Él. Vieron los milagros que Él hizo y lo escucharon hablar. No obstante, al final la mayoría de los que andaban en la multitud lo abandonaron. Ellos verdaderamente no conocían a Jesús, esta persona maravillosa, de una forma personal.

Sin embargo, los discípulos que estaban con Jesús lo conocían de forma personal e íntima. Estuvieron con Él todo el tiempo y en los momentos más callados lejos de la multitud. Él les habló directa y personalmente.

No obstante, no fue hasta Su muerte y resurrección que los discípulos pudieron recibir esta persona maravillosa en ellos y comenzaron a conocer a Jesús internamente. En Juan 20:22, en el día de la resurrección, el Señor Jesús “sopló en ellos, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo”. Los discípulos empezaron a conocer a Jesús ya no según la carne de forma externa sino internamente, en su espíritu.

Cuando nacimos de nuevo, el Espíritu entró en nuestro espíritu. De modo que también nosotros tenemos la habilidad de conocer a Jesús internamente en nuestro espíritu. Cuando nos abrimos en oración a Él, podemos sentir lo que a Él le gusta, disgusta y cómo se siente sobre algunas cosas. Conforme nos abrimos a Él cada día tenemos la oportunidad de conocer al Señor de forma personal y subjetiva.

Además, Jesús como nuestro Pastor realmente nos conoce. No importa cuán cercanos sean nuestros familiares y amigos, ellos no pueden conocernos como Él nos conoce. Nuestro Pastor quien vive en nosotros realmente nos conoce, aún lo más profundo de nuestro ser. Él nos conoce mejor de lo que nosotros mismos nos conocemos.

Esta estrofa del mismo himno expresa cuán precioso es que seamos conocidos por nuestro Pastor:

“Ven y regocíjate conmigo
Pues he encontrado a un Amigo
Quien conoce los secretos más profundos de mi corazón,
Y aún así, Su amor por mi no tiene límite”.

5. Nuestro Pastor nos guía

En 1 Pedro 2:25 dice: “Porque vosotros erais como ovejas descarriadas”. Antes de ser salvos, estábamos perdidos en el pecado y alejados de Dios. Pero incluso como creyentes, a veces andamos a la deriva y perdemos nuestro camino. Nos desanimamos fácilmente y somos distraídos del Señor y Su Palabra. Sin el pastoreo del Señor, no tenemos esperanza de permanecer en esta carrera cristiana. Sin embargo, es por Su presencia amorosa que Él nos guía personalmente, de igual manera que un pastor da seguimiento a cada una de sus ovejas.

No solamente nos guía Cristo de nuevo a Él cuándo nos desviamos, sino que también nos guía de forma positiva como el Espíritu de realidad que mora en nosotros. El Señor Jesús dijo en Juan 16:13: “Pero cuando venga el Espíritu de realidad, Él os guiará a toda la realidad”. Después de Su muerte y resurrección, el Señor como el Espíritu de realidad vino a vivir en nosotros, y Él hace real para nosotros todo lo que el Hijo es. Por medio de Su guiar, venimos a conocer a nuestro Cristo rico y maravilloso de una manera más profunda, especialmente cuando ejercitamos nuestro espíritu mientras leemos Su Palabra.

6. Nuestro Pastor nos alimenta y nos riega

Es necesario que cada día seamos nutridos espiritualmente y nuestro Pastor sabe esto. Si no somos nutridos, estaremos espiritualmente débiles y secos. De modo que, ¿a dónde nos guía nuestro Pastor a comer y beber? La respuesta es que nos lleva a Él mismo.

Cristo Jesús dijo en Juan 6: “Yo soy el pan de vida”. Cristo no nos manda a ningún otro lugar por alimento. Él es el verdadero pan que satisface nuestra hambre y nos fortalece en nuestro recorrido cristiano pastoreándonos de regreso a Cristo para ser nutridos. Cuando leemos y oramos las palabras en la Biblia, especialmente en la mañana, Él nos alimenta. La Biblia es nuestro alimento diario, la cual suministra cada día de nuestra vida cristiana.

A veces también nos sentimos secos en nuestra vida cristiana. Pero nuestro Pastor no quiere que nos sintamos secos. Él quiere que bebamos de Él como el agua de vida. En Juan 7:37, Jesús dijo: “Si alguno tiene sed, venga a Mí y beba”. Para beber es necesario que vayamos a nuestro Pastor. Podemos venir a Él tan sólo al hacer una oración sencilla: “Señor Jesús, vengo a Ti ahora mismo. Tengo mucha sed y te necesito. Dame de beber”. Una buena manera de beber de Cristo es invocar Su querido nombre. Conforme invocamos “Señor Jesús”, bebemos de Él como el agua viva, nuestra sed es saciada y somos avivados.

7. Nuestro Pastor es nuestro descanso

esús nuestro Pastor también es nuestro descanso. Nada ni nadie nos puede dar descanso como el Señor Jesús lo hace. Él nos dijo en Mateo 11:28: “ Venid a Mí todos los que trabajáis arduamente y estáis cargados, y Yo os haré descansar”, y el versículo 29: “hallaréis descanso para vuestras almas”. Para tener descanso en nuestras almas, es necesario venir a Cristo. Incluso en medio de nuestras ocupaciones y trabajo arduo podemos venir a Él en cualquier momento. Él siempre está allí en nuestro espíritu, listo y disponible para nosotros. Cuando venimos a Él en nuestro espíritu, experimentamos que nuestras cargas son retiradas y experimentamos a Cristo como nuestro verdadero descanso. Podemos orar: “Señor Jesús, vengo a Ti. Gracias por ser mi verdadero descanso”.

8. Nuestro Pastor es el Justo en nuestro espíritu

Nuestro Pastor es el Cristo resucitado quien vive en nuestro espíritu. Romanos 8:4 dice: “para que el justo requisito de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al espíritu”.

En nosotros mismos no somos justos, pero cuando creímos en Cristo, recibimos y fuimos unidos a Aquel que es justo. De modo que cuando nos ejercitamos para no andar conforme a nuestra carne, nuestro ser caído, sino andar por el Señor y con el Señor en nuestro espíritu, nuestro vivir diario será conforme a nuestro espíritu. Espontáneamente, sin tener un esfuerzo propio, cumplimos el justo requisito de la ley; estamos bien con el Señor, con otros y con todos los asuntos y cosas.

9. Nuestro Pastor se preocupa por nosotros y nos guarda de la ansiedad

La vida humana está llena de problemas y sufrimientos y fácilmente tenemos ansiedad. Aunque el Señor Jesús lo sabe todo, todavía Él quiere que tengamos comunión con Él y le digamos todo. En 1 Pedro 5:7 nos dice que podemos echar “toda [n]uestra ansiedad sobre Él, porque Él se preocupa por [n]osotros”. ¿De qué manera lo hacemos? Por medio de la oración.

Filipenses 4:6 dice: “Por nada estéis afanosos, sino en toda ocasión sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios por medio de oración y súplica, con acción de gracias“. Cuando traemos todas nuestras preocupaciones a Él en oración, somos liberados de la ansiedad que nos consume. Entonces experimentaremos el próximo versículo: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.

Nuestro Pastor, el Señor Jesucristo, no está lejos de nosotros. Su presencia en nuestro espíritu despierta el deseo en nosotros de comer Su Palabra, beber de Él, venir a Él, andar conforme a Él y descansar en Él. Él nos guía y nos anima, preocupándose cada momento por nosotros según nuestra necesidades. ¡Qué Pastor tan maravilloso tenemos!

Aunque este himno solamente es una traducción literal al español del himno en inglés de E.R. Charles, si desea puede escuchar la melodía completa aquí.


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