Encontrar el suministro de poder para nuestra vida cristiana

Muchos de nosotros hemos experimentado echar un vistazo a nuestro teléfono móvil y darnos cuenta que la batería esta en la zona roja. De modo que tiene tan poca batería que se nos puede llegar a acabar en medio de una llamada importante o lograr que no nos demos cuenta de un correo electrónico importante.

Con demasiada frecuencia, nuestra vida cristiana puede ser así. Las exigencias diarias de la vida, la familia, el trabajo e infortunios financieros nos desgastan. Además, nuestros pecados y fracasos nos desmoralizan, y nos sentimos impotentes para ir en pos del Señor. Apenas tenemos el tiempo suficiente para lidiar con todo. Pareciera como si todo el tiempo estuviéramos en un estado de una “batería descargada” y al borde de que se acabe por completo.

Sentirnos agotados y debilitados son una indicación de que necesitamos el poder en nuestra vida espiritual. Sin embargo, ¿qué clase de poder es el que necesitamos? y ¿de qué manera lo obtenemos?

La experiencia de Pablo en Filipenses 4:13

Observemos la primera experiencia del apóstol Pablo. En Filipenses, vemos que él era una persona que vivía a Cristo en cualquier tipo de circunstancias, ya fueran buenas o malas. ¿Cómo puede ser esto posible? Pablo dice en Filipenses 4:13:

“Todo lo puedo en Aquel que me reviste de poder”.

La nota 2 en la Versión Recobro nos ayuda a entender lo que significa “reviste de poder”:

“La palabra griega significa hacer dinámico interiormente. Cristo mora en nosotros (Col. 1:27). Él nos da poder, nos hace dinámicos desde adentro, no desde afuera. Al ser revestido de poder internamente, Pablo podía hacer todas las cosas en Cristo”.

La palabra de Pablo mencionada en el versículo 13 significaba mucho más que una buena idea o una posibilidad teórica; era su testimonio personal, su verdadera experiencia. Cuando vemos el trasfondo del libro de Filipenses es que nos damos cuenta de esto. Pablo escribió esta epístola a los filipenses mientras él estaba encarcelado en Roma. No obstante, por todo el libro varias veces él mencionó que se regocijaba. ¿Cómo podía él hacer eso? Ni siquiera pensar de forma positiva lo podía hacer que se regocijara en dicha situación negativa. Pablo podía regocijarse debido a que el Señor lo revistió de poder. En lugar de permanecer oprimido, él estaba lleno de regocijo, incluso en las condiciones más difíciles. Que Pablo se regocijara era solamente la manifestación de ser revestido de poder interiormente por Cristo.

Regocijarse requiere de poder

Nuestra experiencia nos muestra que no se requiere de mucha fuerza para quejarnos o lamentarnos de nuestra situación. Esto toma lugar fácilmente y antes de que nos demos cuenta, descendemos mucho más bajo. Para que nos regocijemos se requiere de poder. De modo que al no experimentar a Cristo como nuestro poder, vivimos una vida a manera de supervivencia, apenas saliendo adelante y sin regocijarnos.

Así que, ¿de qué manera podemos ser revestidos de poder de igual manera que Pablo lo estaba a fin de vivir una vida llena de vigor, vitalizada e incluso una vida llena de gozo a diario?

La oración de Pablo para nosotros

En Efesios 1:19-22, Pablo oró para que conociéramos cual es “la supereminente grandeza de Su poder para con nosotros los que creemos”. Si desconocemos que dicho poder existe, no podremos experimentarlo deliberadamente.

Según Efesios 1, el poder por el cual Pablo oró para que conociéramos, es el mismo poder que hizo operar en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a Su diestra en los lugares celestiales, sometiendo todas las cosas bajo Sus pies, y lo dió por Cabeza sobre todas las cosas. No es de extrañarse que Pablo llamara esto la ¡supereminente grandeza de Su poder! Y según los versículos 19 y 22 este gran poder es “para con nosotros los que creemos” y “a la iglesia”.

La nota 3 del versículo 22 en Efesios es una palabra maravillosa que nos dice lo que esto significa para nosotros:

“La frase a la iglesia implica una especie de trasmisión. Todo lo que Cristo, la Cabeza, ha logrado y obtenido es trasmitido a la iglesia, Su Cuerpo. En esta trasmisión la iglesia participa de todos los logros de Cristo: Su resurrección de entre los muertos, haber sido sentado en lo alto por causa de Su trascendencia, la sujeción de todas las cosas bajo Sus pies, y el ser Cabeza sobre todas las cosas.

Las frases para con nosotros los que creemos (v. 19) y a la iglesia indican que el poder divino, el cual incluye todo aquello por lo cual el Dios Triuno ha pasado, ha sido instaurado en nosotros de una vez para siempre y que es trasmitido a nosotros continuamente, haciendo que disfrutemos a Cristo ricamente y que tengamos la vida de iglesia adecuada como Su Cuerpo, Su plenitud, el cual es el producto de la bendición de Dios, anteriormente mencionada”.

Esta supereminente grandeza de Su poder que venció toda cosa negativa, incluyendo la misma muerte, ¡ha sido instaurada en nosotros y se trasmite a nosotros continuamente! Es algo tremendo conocer esto. Sin embargo, si solamente conocemos acerca del poder y no seguimos adelante, es probable que no recibamos el beneficio de forma práctica. A fin de que podamos experimentar el poder instaurado en nosotros, hay una cosa más que se requiere: es necesario que tomemos ventaja de esto.

Es necesario estar conectados

Un teléfono móvil no está diseñado para funcionar solo; la bateria se tiene que cargar constantemente, casi a diario. Y aunque la electricidad casi siempre está disponible, estar cerca de una toma de corriente no cargaría el teléfono sino que tiene que estar conectado a la toma de corriente para que se pueda cargar.

De la misma manera, no fuimos diseñados para depender de nuestra propia energía. Cristo desea ser nuestro único recurso de poder para hacer todas las cosas. Y en nuestro caso, el poder divino no solamente está cerca de nosotros, sino dentro de nosotros, siempre disponible para nosotros. Sin embargo debemos “conectarnos” al recurso de poder para experimentar la trasmisión del poder.

Cómo conectarnos

Nos “conectamos” al contactar al Señor en nuestro espíritu, y es necesario que hagamos esto de forma regular. Es por esta razón que es tan necesario que tengamos comunión con Él y pasemos tiempo con Él en oración y en la Palabra todos los días. Un día sin hacer esto, es un día sin poder.

En especial, debemos dedicar un tiempo, especialmente en la mañana con el Señor Jesús para “conectarnos”. En ese tiempo cuando nos olvidamos de todo lo demás para contactarlo en nuestro espíritu, Cristo imparte más de su vida divina en nosotros y nos revive. Al abrirnos a Él en oración, leer Su Palabra e incluso usar Su Palabra para orar, el poder que nos permite hacer todas las cosas se trasmite en nosotros.

Luego, a medida que continuamos con nuestro día, podemos invocar el nombre del Señor Jesús para recibir más de Su poder. Cuando nos volvemos a nuestro espíritu al invocar Su nombre precioso, accedemos de forma instantánea a la trasmisión de este poder divino invicto.

En vez de esforzarnos en nuestro poder limitado, lo que sencillamente necesitamos es pasar más tiempo “conectados” día tras día. Además, en el transcurso de nuestro día podemos disfrutar de “cargas” rápidas al invocar el nombre del Señor Jesús. Si accedemos al poder instalado en nosotros de forma regular, cada día y durante todo el día, experimentaremos a Cristo como nuestro poder

Cuando disfrutamos la trasmisión del poder, nos volvemos dinámicos internamente. Nada de lo que hay en este mundo nos desanimará u oprimirá. En vez de apenas lograr estar a flote, estaremos vitalizados para vivir una vida en la cual nos regocijamos, sin importar cuales sean las circunstancias, dispuestos a hacer todas las cosas en Aquel que nos reviste de poder. ¡Alabado sea el Señor!


¿Necesita ayuda para entender la Biblia?

Pida una Biblia de estudio gratuita que le ayudará a entender la Palabra de Dios

Pídala ahora