Un tiempo especial con el Señor al fin del año

Al terminar el año, es una práctica sana y espiritual pasar tiempo delante del Señor para reflexionar en oración, dar las gracias y ofrecer al Señor una consagración fresca. Aparte de agradecerle al Señor por una y otra cosa, por las diferentes maneras externas y materiales con las que nos proveyó para nuestras necesidades, también podemos reflexionar e incluso agradecerle más por las cosas maravillosas internas y eternales que hemos disfrutado como creyentes. Estas son las bendiciones verdaderas y eternas en el universo, las cuales no podemos ver con nuestros ojos físicos sino con los ojos internos de nuestro corazón.

Cuando tenemos un tiempo especial con el Señor como este, fuera de nuestro tiempo normal que tenemos con el Señor durante el día, nuestro corazón se abre y permanece sensible y le damos al Señor otra oportunidad para que nos hable. A continuación explicaremos algunas cosas que podemos considerar en oración con el fin de enriquecer nuestro agradecimiento y alabanza del Señor Jesús al terminar el año.

1. La vida eterna

“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”.

Romanos 6:23 nos dice que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. Debido a que hemos creído en Jesucristo, ¡tenemos vida eterna! ¿Quién es esta vida eterna? Mucho más que una simple vida eterna, esta vida es la propia vida divina increada de Dios, la cual recibimos por medio de nacer de nuevo en nuestro espíritu por el Espíritu. Ahora, nosotros los seres humanos participamos de ¡la misma vida divina de Dios! La vida perfecta, rica, gloriosa, plena, pura, ilimitada de Dios es ahora nuestra vida a fin de que la disfrutemos y vivamos por ella cada día.

Esta dádiva invisible y maravillosa opera en nosotros hacia una meta en específico, así como la nota 3 de este versículo lo explica en el Nuevo Testamento Versión Recobro:

Vida eterna se refiere a la vida del propio Dios Triuno. Esta vida nos ha sido impartida sobre la base de que hemos sido justificados por Dios. Ahora se está extendiendo por todo nuestro ser mediante la santificación y la transformación. Como resultado de esto, seremos conformados a la imagen del Señor, y seremos introducidos en la gloria del Señor, a fin de ser aptos para participar en la manifestación de Su gloria (Col. 3:4)”.

¡Esta es la vida eterna que poseemos! nos da energía, se extiende en nosotros y nos transforma, desde nuestro interior. Aprovechemos el tiempo para meditar en ella y agradecerle a Dios por habernos dado Su vida eterna, la cual logrará cumplir el propósito de Dios en nosotros. Podemos agradecerle por todas las veces que este año hemos disfrutado Su vida divina. Por ejemplo, hemos sido satisfechos con Él como el agua viva, alimentados por Él en Su Palabra y experimentado Sus riquezas al invocar Su nombre. Oremos a Dios que este nuevo año nos dé más disfrute y crecimiento en Su vida.

2. Jesucristo, a quien amamos sin haberle visto

“A quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y colmado de gloria”. 1 Pedro 1:8

Ninguno de nosotros ha visto a Jesús con nuestros ojos físicos, no obstante, aún así lo amamos. Amamos y creemos en alguien a quien nunca hemos visto, y como resultado, ¡nos alegramos con gozo inefable! ¿Cómo puede ser esto posible? Del mismo modo que el apóstol Pablo dice en Gálatas 1:15-16, cada uno de nosotros podemos testificar que fue a Dios a quien le agradó revelar a Su Hijo en nosotros, lo cual no fue iniciado por nosotros sino por Dios. Hemos visto la visión interna de la belleza, el valor y la hermosura de Jesús. Tal y como se nos ha sido revelado en la Palabra de Dios, Jesucristo es en verdad incomparable. Él es el Dios verdadero que tiene divinidad, y un hombre verdadero con humanidad perfecta; Él es justo y santo, pero también compasivo y amoroso; Él es Aquel que está libre de pecado, pero también se compadece con nosotros en nuestras debilidades; Él es fuerte y valiente, pero también manso y humilde; Él es Aquel que llevó a cabo la voluntad del Padre de forma absoluta, murió por nosotros y ahora vive en nosotros para ser ¡nuestra vida! no podemos sino ser atraídos por Él y amarlo.

Podemos darle las gracias al Señor y alabarlo por las veces que este año nuestros ojos interiores han contemplado al Señor Jesús en nuestro espíritu y en Su Palabra. Entre más lo vemos, más lo amamos. Él es el más querido en este universo. Mientras fijamos nuestra vista en Aquel quien es el más digno de nuestro amor, podemos agradecerle por atraernos a Él, dejar que nos constriña con Su amor y ofrecerle nuestro amor nuevamente.

3. Seremos semejantes a Él

“Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser. Sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es”. 1 Juan 3:2

La nota 1 de este versículo nos ayuda a entender lo que aún no se ha manifestado:

“Puesto que somos hijos de Dios, seremos como Él en la madurez de vida cuando Él se manifieste. Ser como Él es ‘lo que hemos de ser’. Esto no se ha manifestado todavía. Esto indica que los hijos de Dios tienen un gran futuro con una bendición más espléndida: no solamente tendremos la naturaleza divina, sino también portaremos la semejanza divina. Participar de la naturaleza divina ya es una gran bendición y disfrute, pero ser como Dios y así ser portadores de Su semejanza, será una bendición y un deleite aún más grande”.

La Palabra de Dios nos muestra un hecho maravilloso: nosotros como pecadores caídos y ahora redimidos, un día seremos semejantes a Él, no por mérito propio, sino por medio de alcanzar la madurez en la vida divina. Conforme recibimos y disfrutamos más de la naturaleza y vida eterna y divina, poco a poco esta vida nos transforma a la imagen de Cristo. Por medio de esto, Dios obtiene el deseo de Su corazón de tener muchos hijos, nacidos de Su vida, conformados a la imagen de Su Hijo primogénito Jesucristo para expresarle.

Aunque normalmente no sentimos que estamos creciendo en la vida divina o reconocemos nuestro progreso espiritual, cuando miramos hacia atrás, nos damos cuenta que tan lejos hemos avanzado. Al terminar este año, podemos reflexionar sobre la obra normal y gradual que el Señor ha hecho en nosotros y alabarle por Su fidelidad de traernos poco a poco a la ¡madurez en Su vida!

Cómo debemos de responder al Señor

¡El Señor ha sido misericordioso con todos nosotros este último año! Mientras pasamos tiempo reflexionando en estas cosas y agradeciéndole al Señor por todo lo que Él ha hecho por nosotros y por todo lo que Él es para nosotros, también debemos ofrecerle nuevas oraciones de consagración:

“Señor Jesús, me entrego a Ti para que este nuevo año viva y participe más de Tu vida eterna a fin de que puedas crecer en mi. Señor, te amo. Tu eres digno de todo mi amor. Te entrego mi corazón. Y Señor, me entrego a Ti para cooperar con Tu vida divina en mí a fin de que conformes mi ser entero a Tu imagen y el propósito de Dios pueda cumplirse”.


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