Como cristianos, ¿qué significa tomar medidas con respecto a nuestro pasado?

¿Alguna vez ha sentido que hay algo que impide su progreso como creyente? ¿Siente como si algo lo detuviera? ¿A caso algo de su viejo pasado le está impidiendo seguir adelante?

Antes de ser salvos, todos teníamos un pasado. Cometimos muchos pecados y nuestra vida como incrédulos incluía cosas que no le agradaban a Dios; pero alabado sea el Señor, cuando nacemos de nuevo, la sangre de Cristo lava nuestros pecados. Todos nuestros pecados son perdonados y olvidados por Dios.

Ante Dios somos justificados, salvos de la condenación y liberados de nuestros pecados. Pero en nuestra vida diaria práctica, ¿somos libres de nuestro pasado? ¿O las cosas del pasado todavía se aferran a nosotros y frustran nuestro andar con el Señor? A fin de que seamos libres para poder seguir adelante en nuestra vida cristiana, es necesario que estas cosas de nuestra vida pasada que nos frustran sean eliminadas.

Por qué es necesario que resolvamos nuestra vida pasada?

La base de nuestra salvación es la gracia. Debido a que el Señor Jesús derramó Su sangre, fuimos perdonados de toda cosa maligna en nuestro pasado. Dios limpió todo rastro de nuestros pecados anteriores. Nada de lo que hicimos o éramos en el pasado debe molestarnos. Debemos estar claros respecto a esto.

No obstante, cuando fuimos salvos, no solamente fuimos perdonados; también llegamos a ser una persona nueva, parte de la creación de Dios. A partir de entonces, comenzamos una vida nueva y un nuevo vivir. Si permanecemos en nuestra vieja manera de vivir, llega a ser un estorbo para que podamos experimentar un nuevo comienzo y seguir adelante en Cristo. Las cosas de nuestro pasado nos arrastrarán y detendrán. Es necesario que pongamos fin a esas cosas y que detengamos su influencia sobre nosotros a fin de avanzar en la vida cristiana.

Así que, ¿de qué manera podemos poner fin a las cosas de nuestra vida pasada?

El sentir en nuestra conciencia

Una de las primeras cosas que suceden después de creer es que nuestra conciencia se despierta. Anteriormente, nuestra conciencia estaba un poco apagada y en algunos casos hasta adormecida. Las cosas que antes no nos molestaban ahora salen a la luz como cosas pecaminosas, mundanas, injustas o inapropiadas. Esto se debe a que nuestra nueva conciencia que se ha despertado funciona de manera que podemos percibir lo correcto de lo incorrecto. Sin que tengamos que consultar con otros, sabemos que es lo que anda mal en nuestro vivir y que es lo que le desagrada a Dios.

Por ejemplo, quizás anteriormente usamos un lenguaje vulgar y hasta tomábamos el nombre del Señor en vano, sin tan siquiera tener el sentir que esto era algo malo.Sin embargo, después de ser salvos, comenzamos a sentirnos incómodos cada vez que hablábamos de esa manera. Este sentir proviene de nuestra conciencia y si hacemos caso a dicho sentir al dejar de usar este tipo de lenguaje, nos sentiremos en paz y este asunto ya no será una de las cosas que nos estorbe.

Esta es una experiencia normal que tenemos cuando somos salvos. Si permanecemos en una situación inapropiada de cuando aún no éramos salvos, nos sentiremos incómodos y frustrados. Tenemos el sentir de que necesitamos ponerle fin a algo para seguir adelante en nuestra vida cristiana. La manera en la que limpiamos nuestro pasado es haciendo caso a ese sentir.

El Nuevo Testamento nos da ejemplos de las cosas a las que un creyente debe poner fin en su pasado a fin de crecer en la vida de Cristo. Estos ejemplos nos ayudan a sensibilizar nuestra conciencia y nos avisan de algunas cosas de nuestro vivir dónde el Señor desea alumbrar.

Los ídolos y las cosas idólatras

Lo primero y más importante es deshacerse de cualquier ídolo u objeto relacionado con los ídolos. En 1 Tesalonicenses 1:9 dice: “Os volvisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero”.

Los ídolos son imagenes que no tienen vida y que son adorados en lugar del Dios vivo y verdadero. Dios no puede tolerar a los ídolos. Qué nosotros retengamos un ídolo es un asunto serio. Nuestro Dios es un Dios celoso, quien quiere que lo adoremos y lo amemos, el Único Dios vivo y verdadero.

Quizás pensemos que no tenemos ningún problema con los ídolos puesto que nunca nos postramos ante uno. Sin embargo, poseer un ídolo por cualquier razón o que nuestro corazón se incline por uno, es inadmisible para Dios. El apóstol Juan advirtió a los creyentes en 1 Juan 5:21 al decir: “Hijitos, guardaos de los ídolos”.

Debemos ser decisivos y absolutos al lidiar con los ídolos. No es suficiente esconderlos de nuestra vista en algún lugar en el clóset. Para ser libres de su efecto, tenemos que destruir los ídolos, ni siquiera podemos venderlos o regalarlos. Los objetos relacionados con los ídolos como las cosas relacionadas a la superstición, la adivinación, los horóscopos y los símbolos religiosos, también tienen que ser erradicados de nuestras vidas.

Después de creer en Cristo, debemos abandonar todo lo relacionado a los ídolos inmediatamente y minuciosamente. No obstante, a veces los ídolos no nos parecen tan obvios. Aún si usted piensa que no tiene ningún ídolo, es bueno tomar un momento para preguntarle al Señor Su sentir.

“Señor Jesús, no quiero tener ningún ídolo en mi hogar o en mi corazón. Te amo y no quiero estar cerca de ningún ídolo. Señor, muéstrame si tengo algún ídolo o cosas relacionadas a los ídolos que deseas que elimine de mi vida”.

Objetos inapropiados y cosas inmundas

Quizás no tengamos ídolos, horóscopos o cosas supersticiosas en nuestra casa, pero poseemos algo inapropiado de nuestra vida pasada.

Hechos 19:19-20 relata lo que hicieron las personas en la ciudad de Éfeso inmediatamente después de creer en Cristo:

“Asimismo muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos; y hecha la cuenta de su precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de plata. Así crecía y prevalecía poderosamente la palabra del Señor”.

¿Qué ocasionó que estos creyentes hicieran tal cosa? ¿Qué fue lo que los hizo darse cuenta que sus libros de magia, aunque fueran de gran valor, eran inapropiados y demoníacos y que necesitaban ser quemados?

Nadie les dijo:”Ahora que ya son salvos, deben destruir estos libros”. Ellos reaccionaron de esta manera no a causa de un mandamiento externo, sino por el obrar interno del Espíritu Santo que vivía en ellos. Su experiencia de salvación fue dinámica y los motivó a abandonar y a quemar estos libros malignos que en algún día fueron muy valiosos para ellos. Ellos ni siquiera los vendieron. Se habían separado de manera firme, libre y absoluta de ellos. El resultado de sus acciones fue que la palabra del Señor creció y prevaleció poderosamente.

Este relato de los creyentes efesios nos muestra que los objetos inapropiados que son pecaminosos o inmundos –material pornográfico, ropa indecente, parafernalia de juegos de azar, artículos relacionados con el abuso de las drogas y del alcohol, libros y fotos inapropiadas y cosas relacionadas a la brujería y magia– deben ser destruidas. Una limpieza profunda de hasta los restos de una vida impía nos liberará del dominio de nuestro pasado.

“Señor Jesús, dame claridad. Haz que mi conciencia sea sensible. Señor, alúmbrame en cualquier cosa que es inapropiada o mundana en mi vida. ¡Ayúdame a dejar esas cosas a fin de que pueda seguir adelante en Ti sin ningún estorbo!”

Pagar las deudas y hacer restitución

Lucas 19:2-8 registra la historia de Zaqueo, un recaudador de impuestos que conoció al Señor Jesús mientras Él pasaba por Jericó. Tan pronto como el Señor le habló a Zaqueo y le dijo que se quedaría en su casa, Zaqueo le dijo al Señor: “He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado”.

Tan pronto como conoció al Señor Jesús, Zaqueo fue redargüido instantáneamente de sus pecados, especialmente de extorsionar a las personas de su dinero y profesó su deseo de devolverles lo que les defraudó cuadruplicado y dar la mitad de sus bienes a los pobres. Una vez más, el Señor no le ordenó hacer esto. Zaqueo fue salvo de una manera viva y genuina de modo que instantáneamente sabía qué hacer a fin de tomar medidas con respecto a su pasada manera deshonesta de vivir.

La declaración de Zaqueo fue el resultado espontáneo de haber recibido al Señor Jesús como su Salvador. Aun la cantidad que devolvió: cuadruplicada, fue el resultado de que la vida del Señor morara en él y no una norma o mandato externo. La vida divina en Zaqueo lo motivó a limpiar su pasado de esta forma en particular.

Pagar a otros lo que les debemos también debe ser el resultado de la vida divina de Dios en nosotros, de la misma manera que fue con Zaqueo. Ser guiados por el Espíritu en nosotros nos hace conscientes de lo que necesitamos devolver y a quién. Quizás necesitamos devolver un dinero que hace mucho nos prestaron o tal vez necesitamos regresar algunos artículos al lugar en el que trabajamos. Si permitimos que el Espíritu nos hable, estaremos claros de las cosas en cuanto a las cuales debemos tomar medidas y cómo debemos hacerlo.

Podemos buscar al Señor respecto a cómo pagar nuestras deudas, confiando en Él para que nos ayude a enderezar las cosas.

“Señor, obra en mí. No quiero poseer nada que fue adquirido de manera inapropiada. Si le debo algo a alguien, muéstramelo y guíame a como debo devolvérselo”.

Si después de orar no estamos claros respecto a cómo de forma práctica hacer restitución de algo que adquirimos de forma inapropiada, podemos buscar tener comunión con alguien que tiene más experiencia en el Señor.

Nuestra pasada manera de vivir

Efesios 4:22 dice:

“Que en cuanto a la pasada manera de vivir, os despojéis del viejo hombre, que se va corrompiendo conforme a las pasiones del engaño”.

Nuestra pasada manera de vivir abarca un área extensa, cuya base parte de cómo nos comportábamos anteriormente en cada aspecto de nuestra vida diaria. Abarca cosas tales como las personas con las que nos relacionamos, nuestra manera de hablar, como nos vestimos, como pasamos nuestro tiempo, nuestras relaciones con las personas, como gastamos nuestro dinero, entre otras cosas más.

Después de ser salvos, es necesario que tengamos un cambio en nuestra manera de vivir de cómo vivíamos anteriormente.

Si nos abrimos al Señor y le pedimos que nos alumbre, nos daremos cuenta que muchas cosas en nuestro vivir son inapropiadas para un hijo de Dios. Por ejemplo, quizás nos vestíamos con un tipo de prenda antes de que fuéramos creyentes, pero después que creímos en Cristo y llegamos a ser uno con Él, comenzamos a sentirnos incómodos al vestirnos de esa manera. En este caso, es necesario hacer caso a este sentir, quien es el Señor en nosotros, y ya sea que arreglemos nuestra vestimenta o la reemplacemos con algo más.

La nueva vida de Cristo en nuestro ser desea que tengamos un nuevo vivir que corresponda con Él. Necesitamos pedirle al Señor que nos muestre las áreas en nuestro vivir con las que quiere que lidiemos. Tal vez nos muestre algunas cosas que hacíamos antes, lugares a los que asistiamos, la música que escuchábamos y otras cosas más.

Mientras Él conversa con nosotros, necesitamos responderle al deshacernos de lo que le desagrada, cesar de hacer ciertas prácticas y actividades de nuestra pasada manera de vivir y tener un cambio en la manera en la que vivimos ahora que somos personas regeneradas.

Esto no es un asunto de ser regulados externamente sino de ser regulados por la nueva vida internamente

Lidiar con las cosas del pasado no tiene que ver con cumplir una regulación externa, sino de ser sensibles y obedientes a la vida de Dios en nosotros. No hay nada en la Biblia que específicamente hable acerca de tomar medidas respecto a nuestro pasado, sin embargo, sí tenemos ejemplos acerca de ello en los pasajes de las Escrituras mencionados anteriormente y en muchos otros.

Ahora que ya sabemos que es necesario tomar medidas respecto a nuestra pasada manera de vivir, ¿qué debemos hacer? Lo mejor que podemos hacer es traer este asunto al Señor. No debemos comprometernos a sacar a relucir cosas que consideremos sean un problema. Aquel que recibimos como nuestro Salvador es vivo, real y lleno de sentimiento. El Señor también es muy preciso y específico con nosotros. Podemos abrir nuestro corazón a Él y pedirle que nos muestre las cosas inapropiadas que aún estén presentes en nuestro vivir.

“Señor Jesús, gracias por salvarme. Quiero moverme libremente a fin de crecer en Tu vida y en mi andar Contigo. Señor, toca cualquier cosa que sea inapropiada en mi vida y que me estorba de seguir adelante Contigo. ¡Alumbrame en cuanto a esto y ayúdame a eliminar cualquier cosa completamente de mi vida!”

El Señor Jesús vive en nuestro ser y desea que Su vida crezca en nosotros. Ciertamente Él responderá nuestra oración. No debemos permanecer en las cosas de antes y por ende ser privados de disfrutar a Cristo y crecer en Él. Él nos revelará lo que nos impide en nuestro andar como cristianos. Al cooperar con el Señor y tomar medidas en cuanto a nuestro pasado, podemos seguir adelante y experimentar a Cristo cada día.


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