Lo que Filipenses 4:6 nos enseña acerca de cómo tomar medidas con respecto a los afanes

En Filipenses 4:6, se nos exhorta a hacer algo que parece imposible:

“Por nada estéis afanosos”.

¿Cómo no estar afanosos? Cada uno de nosotros cuenta con una lista larga de circunstancias que conducen al afán, es decir, a la ansiedad: problemas en las relaciones, dificultades financieras, responsabilidad por nuestros hijos, presión en el trabajo, falta de trabajo, etc. Y además de nuestra vida personal, el mundo de hoy parece fabricar una serie de eventos a gran escala que producen más ansiedad —incertidumbre económica, guerra, agitación social—, los cuales nos llegan en una cinta transportadora de noticias las 24 horas del día. 

La palabra de Pablo aquí, ¿es anticuada o irrazonable, ya que nos enfrentamos a tantas dificultades modernas? En esta entrada, examinaremos Filipenses 4:6-7 con notas del Nuevo Testamento Versión Recobro para ver cómo podemos ser salvos de la ansiedad de una manera práctica.

La Palabra de Dios es inmutable

La Palabra de Dios es inmutable, y no es influenciada por las circunstancias y los tiempos cambiantes. Así que, como creyentes, debemos tomar todo lo que está en la Biblia seriamente, incluyendo esta palabra sobre no estar ansiosos. Pero ¿cómo es posible que por nada estemos ansiosos?

Un principio importante de estudiar la Biblia es nunca aislar un versículo e interpretarlo por sí solo. El contexto es importante. Tenemos que ver qué viene antes de esta palabra con respecto a no estar afanosos y qué la sigue.

Lo que precede inmediatamente a “Por nada estéis afanosos” es una de las certezas más reconfortantes de toda la Biblia:

“El Señor está cerca”.

Este hecho ciertamente se aplica a la pronta venida del Señor, pero también se aplica a Su presencia con nosotros hoy. Él está cerca de nosotros ahora mismo. De hecho, Él está lo más cerca posible; Él está dentro de nosotros, viviendo en nuestro espíritu humano. Cuando nos damos cuenta de que Él está tan cerca y listo para ayudarnos, también nos daremos cuenta de que no es necesario que estemos preocupados.

Oración y súplica, con acción de gracias

Así que antes de la exhortación de no estar afanosos, tenemos la palabra que nos dice que el Señor está cerca y listo para socorrernos. Pero ¿qué sucede con nuestra lista de preocupaciones que nos causa que estemos ansiosos? 

Ahora veamos qué sigue a la palabra acerca de estar afanosos en el resto de  Filipenses 4:6. Estas palabras son cruciales para que seamos salvos de la ansiedad de manera práctica:

“Por nada estéis afanosos, sino en toda ocasión sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios por medio de oración y súplica, con acción de gracias”.

Así que en todo —en cada asunto, cada circunstancia, cada situación— podemos orar y suplicar con acción de gracias y dar a conocer nuestras peticiones delante de Dios.

Las notas 3 y 4 del Nuevo Testamento Versión Recobro nos ayudan a ver cómo aplicar este versículo. La nota 3 en cuanto a oración dice:

La oración es general y su esencia es la adoración y la comunión; la súplica es especial, y se hace por necesidades específicas”. 

Y la nota 4 sobre con acción de gracias dice:

“No dice y sino con. Tanto nuestra oración como nuestra súplica deben ir acompañadas de nuestras acciones de gracias al Señor”. 

El Señor está cerca de nosotros y listo para ayudar. Así que mediante la oración podemos tener comunión con Él y simplemente decirle por lo que estamos pasando. También podemos suplicarle y hacer peticiones específicas con respecto a nuestras necesidades. Pero tanto nuestra oración como nuestra petición deben ser con acción de gracias. Sin importar por lo que estemos pasando, tenemos mucho que agradecer al Señor. Podemos agradecerle por Su cuidado para con nosotros en todas nuestras circunstancias. Podemos agradecerle por estar cerca y por tantas otras cosas.

Pasar nuestras cargas al Señor

Con el Señor en nosotros, no hay necesidad de que llevemos nuestras cargas por nosotros mismos.

Watchman Nee, un maestro de la Biblia y autor, una vez usó la ilustración de tres obreros de construcción subiendo ladrillos al tercer piso. Un hombre pasa ladrillos del primer nivel al siguiente, y el segundo hombre los pasa de su nivel al tercero. Todo va bien siempre y cuando los ladrillos sigan moviéndose. Pero si el segundo hombre deja de pasar sus ladrillos y se aferra a ellos, pronto será aplastado por el peso creciente de la carga.

A menudo nos encontramos en la posición de este segundo hombre. Todo el día nos llegan preocupaciones, problemas y cargas. Y si nos aferramos a ellos, pronto nos sentimos abrumados por el peso de los afanes. ¿Qué debemos hacer? Tan pronto como recibamos las preocupaciones y nos sintamos amenazados bajo su peso, debemos pasarlas al «nivel más alto».

¿Cómo podemos hacer esto? Otra frase del versículo 6 nos dice cómo:

“Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios”.

La nota 2 sobre delante de Dios en la Versión Recobro es muy reveladora: 

“La palabra griega frecuentemente se traduce con (Jn. 1:1; Mr. 9:19; 2 Co. 5:8; 1 Jn. 1:2). Denota movimiento en cierta dirección, en el sentido de una unión y comunicación viva, lo cual implica comunión. Por lo tanto, el sentido de delante de Dios aquí es en comunión con Dios”.

Esto significa que podemos acercarnos a Dios y dar a conocer nuestras peticiones delante de Él en comunión con Él. En lugar de ser aplastados por el peso de nuestras cargas, podemos soltar todo al volvernos al Señor en oración en cualquier momento del día. Podemos decirle nuestras preocupaciones y Él recibirá nuestras cargas. ¡Qué provisión maravillosa!

La promesa de paz

El siguiente versículo, el versículo 7, nos dice el resultado de nuestra oración y súplica con acción de gracias y de dar a conocer nuestras peticiones delante de Dios:

“Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.

La nota 1 sobre paz en este versículo nos ayuda a ver cómo podemos experimentar esta paz que sobrepasa todo entendimiento:

“El resultado de practicar la comunión con Dios en oración es que disfrutamos de la paz de Dios. La paz de Dios es en realidad Dios como paz (v. 9) infundido en nosotros mediante nuestra comunión con Él por medio de la oración; esta paz contrarresta los problemas y es el antídoto para los afanes (Jn. 16:33)”.

Contrarrestar significa paliar o neutralizar el efecto de algo. Y un antídoto es un medicamento que se usa contra un veneno particular. Nuestros problemas y preocupaciones ciertamente nos afectan negativamente, y nuestras preocupaciones son como un veneno dañino para nosotros. Pero la paz de Dios —Dios mismo como nuestra paz— contrarresta todos nuestros problemas, es decir, funciona como un contrapeso, y es el antídoto para nuestros afanes. 

Pero sólo podemos experimentar esta paz de Dios como contrapeso y antídoto si tenemos comunión con Dios en oración. En esta comunión con Dios sucede algo maravilloso. No es sólo que le estamos contando a Dios nuestros problemas y desahogando nuestras preocupaciones. Mientras oramos a Él, Él se infunde en nosotros como paz. Ésta es la promesa maravillosa que se nos ha dado, y así es cómo podemos ser salvos de nuestros afanes. 

La paz de Dios guarda nuestros corazones

La paz de Dios no es sólo un contrapeso y un antídoto, sino que incluso actúa como guardia. El versículo 7 dice:

“Y la paz de Dios… guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.

La nota 2 explica qué significa guardará:

“O, montar guardia. El Dios de paz patrulla continuamente nuestros corazones y pensamientos en Cristo, preservándonos en calma y tranquilidad”.

Mientras traemos nuestras preocupaciones y cargas a Dios en oración, disfrutamos de tener comunión con Dios. El resultado de tal comunión con Él es que la paz de Dios se imparte a nosotros, calmando toda nuestra ansiedad. Su paz incluso patrulla sobre nosotros, montando guardia delante de nuestros corazones y pensamientos, guardándonos de cualquier cosa que pueda perturbar nuestra calma en Él.

La exhortación del Señor es clara: Por nada estéis afanosos. Y en Su Palabra, también está claro que el Señor está cerca, y que al dar a conocer nuestras peticiones a Dios por medio de oración y súplica con acción de gracias, la paz de Dios guardará nuestros corazones y pensamientos en Cristo Jesús.

Todos los días, recordemos que el Señor está cerca de nosotros y que podemos tener comunión con Él en oración. En lugar de cargar con todas nuestras preocupaciones por nosotros mismos, podemos darle nuestras preocupaciones a Él e incluso pedirle lo que necesitamos. Al hacer esto, disfrutaremos de la paz que Él nos prometió y seremos salvos de nuestras preocupaciones y nuestros afanes.

Le animamos a pedir una copia gratuita del Nuevo Testamento Versión Recobro y a leer todas las notas de esta sección maravillosa en Filipenses 4.


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