¿Cómo me consagro al Señor?

En entradas anteriores exploramos el significado de la consagración y las razones por las cuales debemos presentarnos delante del Señor. También hablamos acerca de la compra que Dios hizo, la cual se convierte en la base sólida de nuestra consagración y del amor de Dios, el cual es el poder que nos motiva a darnos a Él.

Hoy hablaremos sobre la práctica de la consagración. Así que, ¿cómo nos consagramos al Señor? ¿Acaso nos consagramos una sola vez en la vida? ¿O es suficiente consagrarse de vez en cuando? ¿Que aspecto tiene la consagración?

Nuestra consagración inicial: una vez y para siempre

Cristo nos compró con Su propia sangre, y ahora le pertenecemos. Sin embargo, Él no nos obliga a que nos demos a Él. Él espera que nosotros lo hagamos.

Cada uno de nosotros tiene que tomar la decisión de darse al Señor Jesús. Nadie puede hacer esto por nosotros. Esta consagración inicial es una vez y para siempre, e incluye todo lo que somos y todo lo que tenemos. Por consiguiente, esto no es algo que se hace ligeramente.

Para este tipo de consagración inicial, la cual es una vez y para siempre, es mejor que pasemos tiempo con el Señor a solas a fin de ser introducidos en la oración y comunión íntima con Él. De esta manera podemos tener una transacción profunda con Él. Podemos darle la totalidad de nuestro ser, nuestra persona, y podemos darle nuestros deseos, planes, relaciones, posesiones y actividades, uno por uno. Cristo nos compró con el precio más alto; le pertenecemos absolutamente. Por tanto, en nuestra consagración, es bueno que seamos minuciosos y específicos, presentando a Dios nuestro ser y todo lo que se relaciona con nosotros.

Mientras más detallados seamos, más completa será nuestra consagración y más sentiremos el gozo de pertenecerle al Señor y ser agradables a Él.

Orar con la Palabra para consagrarnos

Para poder ser ayudados, podemos orarle al Señor con Su palabra, especialmente 1 Corintios 6:19-20, por ejemplo:

“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo”.

Usando este versículo podemos orar de la siguiente manera:

“Señor ya no me pertenezco. Señor Jesús, te pertenezco a Ti puesto que me compraste con tal precio. “Oh Señor, ¡gracias por haber pagado el precio más alto de Tu propia sangre preciosa a fin de comprarme! Soy tuyo. Todo lo que tengo y todo lo que soy te pertenece. De modo que, Señor, te doy mi cuerpo, mi alma y mi espíritu. Te doy mi vida. Señor, te doy mi tiempo, mi energía, mi educación, mi familia, mi trabajo”.

También podemos usar 2 Corintios 5:14:

“Porque el amor de Cristo nos constriñe, habiendo juzgado así: que uno murió por todos, por consiguiente todos murieron”.

Con este versículo podemos orar así:

“Señor Jesús, gracias por amarme. Gracias por Tu amor tan profundo que te llevó a morir por mí en la cruz. Oh Señor, Tu amor me constriñe a entregarte todo a Ti. Te doy mi corazón: mente, emoción y voluntad. Toma control de todos mis días. Toma todo mi futuro. Aquí estoy. Lo dejo todo en Tus manos. ¡Señor Jesús te amo!”

El Señor es fiel y nunca se olvidará de las cosas que le hemos consagrado a Él. Es probable que a nosotros se nos olvide, pero a Él nunca se le olvida. De hecho, sería buena idea hacer una lista de lo que le hemos entregado al Señor y guardarla en un lugar seguro. Luego, un día en el futuro cuando la veamos de nuevo, seremos animados y estaremos llenos de alabanza para el Señor por Su fidelidad en cada asunto que ponemos en Sus manos.

Una vida de consagración continua

Por una parte, es necesario que nos consagremos a Dios una vez y para siempre. Sin embargo, después de haber realizado una consagración inicial, debemos vivir una vida de consagración todos nuestros días. Podemos hacer esto por medio de practicar de forma activa entregarnos diariamente al Señor.

Cada mañana cuando nos levantemos, sencillamente podemos decirle al Señor: “Señor, gracias por este nuevo día. Me ofrezco hoy a Ti”. De esta manera mantendremos una consagración fresca y diaria.

También podemos entregarnos al Señor de nuevo en momentos específicos de nuestra vida. Por ejemplo, si somos estudiantes podemos entregarnos al Señor al comienzo de cada nuevo semestre escolar. O si comenzamos un trabajo nuevo o recibimos un ascenso en el trabajo, podemos orar: “Señor te entrego este nuevo trabajo. No me pertenece, sino que te pertenece a Ti. Soy Tuyo”. En cualquier evento específico en nuestras vidas, sea grande o pequeño, podemos ofrecernos a Él. También podemos aprovechar la oportunidad del comienzo de un nuevo año y pasar tiempo con el Señor ofreciéndonos una vez más a Él.

Al practicar consagrarnos diariamente y en momentos específicos, mantenemos nuestra consagración fresca delante del Señor.

Presentarnos a Dios nos hace agradables a Dios y es nuestro servicio a Dios

Cuando nos presentamos al Señor para consagrarnos, Él tiene la libertad de hacer en nosotros y a través de nosotros lo que Él quiera. La consagración en realidad es nuestro servicio al Señor. El apóstol Pablo dice en Romanos 12:1:

“Así que, hermanos, os exhorto por las compasiones de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro servicio racional”.

Y es el gran amor de Dios que nos motiva a rendir servicio a Dios. La nota 3 de este versículo nos anima:

“En el griego las compasiones mencionadas aquí están en plural. Dios ha mostrado varias clases de compasión para con nosotros al elegirnos, llamarnos, salvarnos e introducirnos en Su vida para que disfrutemos Sus riquezas y lleguemos a ser Su expresión. Mediante estas numerosas compasiones como medio y poder motivador, el apóstol nos exhortó a presentar nuestros cuerpos a Dios para el cumplimiento del propósito de Dios”.

Que el Señor nos conceda Su gracia para presentarnos continuamente a Él como nuestro servicio racional para el cumplimiento de Su propósito eterno. ¡Alabado sea el Señor!

Si quiere saber más sobre la consagración y como consagrarse a Dios, tome un momento para ver estás demás entradas:¿Cuál es el signifcado de la consagración y por qué es necesario que nos consagremos?, La consagración y el amor de Dios y amar a Jesús con lo mejor de nosotros.


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